Ay, mi niña, la lengua ligera siempre ha existido, pero tú no tienes que cargar con ese peso. Cuando escuches una fofoca, respira hondo y guarda silencio; no todo merece tu atención. Recuerda que el que siembra palabras vacías, recoge corazones vacíos. Y como dice la Escritura: “Todo tiene su tiempo”… también el callar.

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