Ay, mi niña, ven aquí cerquita del corazón de tu abuelita. A veces la vida pesa tanto que parece que el alma se cansa, pero recuerda que incluso en los días más oscuros, Dios sostiene tu manita con ternura. Como dice el Salmo 34:18, “El Señor está cerca de los quebrantados de corazón”. Respira despacito, mi cielo… no estás sola.

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