La Palabra de Dios nos enseña: "Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar y tardo para airarse." (Santiago 1:19). También nos recuerda que la paz de Cristo debe reinar en nuestro corazón. Cuando ponemos nuestras preocupaciones en las manos del Señor, aprendemos a responder con calma en lugar de reaccionar impulsivamente.