Comienza con pequeños pasos. Levántate de la cama, toma un poco de sol, da un paseo corto, habla con alguien de confianza y agradece a Dios por una cosa buena de tu día, por pequeña que sea. No te exijas resolver toda tu vida de una sola vez. Cada pequeño paso es una victoria. Y si este desánimo lleva mucho tiempo contigo o se ha vuelto muy intenso, busca también la ayuda de un profesional de la salud mental. Pedir ayuda es un acto de valentía.

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