Para el esposo: habla con respeto, escucha antes de responder, demuestra cariño con pequeños gestos y evita que el orgullo gane la discusión. La firmeza puede ir siempre acompañada de amor.
Para la esposa: procura hablar con dulzura, expresar lo que sientes sin herir, valorar los esfuerzos de tu esposo y buscar el diálogo antes que el conflicto.
Para los dos: no conviertan cada diferencia en una batalla. Busquen un momento tranquilo para conversar, oren juntos, pidan perdón cuando sea necesario y recuerden que son un equipo, no enemigos. La familia se fortalece cuando ambos deciden luchar por el matrimonio y no uno contra el otro.

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