Cuando sientas que la ansiedad aumenta, haz una pausa y respira lentamente. Habla con Dios con palabras sencillas, como un hijo habla con su Padre. Si la ansiedad es frecuente o muy intensa, también es un acto de sabiduría buscar apoyo de un profesional de la salud o de alguien de confianza; pedir ayuda no es falta de fe.

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