Mi cielo, la oración no siempre nace con ganas, pero sí con decisión. Aunque sea un suspiro, aunque solo digas “Señor, aquí estoy”… eso ya es valioso. Santiago 4:8 nos recuerda: “Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes”. Pasito a pasito, vuelve a Él, sin culpa.