Mi niña, no necesitas ser perfecta para volver a Dios, solo necesitas abrirle la puerta de tu corazón. Él nunca se cansa de esperarte. La fe es como una plantita: riégala con pequeños momentos de amor, y verás cómo vuelve a florecer. Y recuerda, hijita… Dios sigue creyendo en ti, incluso cuando tú dudas.

100% COMPLETADO