Mi niño, el desánimo llega cuando el corazón se cansa de cargar tantas cosas en silencio.
No te pelees contigo mismo por sentirte así; hasta las flores necesitan lluvia antes de volver a abrirse.
Empieza con algo pequeño hoy: arregla tu cama, toma agua y agradece una sola cosa buena.
Dios suele levantar primero el alma con pasos sencillos y tranquilos.